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La historia continúa

Fanfic: Harry Potter y la deuda de sangre. Capítulo 1

Feliz cumpleaños, Harry

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El castillo de Numengard estaba protegido por hechizos realmente potentes. Se decía que ni el propio Grindewald en sus tiempos pudo romperlos, y pocos se habían atrevido a afirmarlo, pero también creían imposible que Voldemort, Dumbledore o Potter pudieran acabar con la antigua magia defensiva que custodiaba las frías paredes de la prisión.

Los alemanes aseguraban que era más seguro un jardín a cielo abierto de Numengard que una de las celdas de Azkaban, por lo que Harry se sintió realmente preocupado cuando leyó en El Profeta del escape de varios reclusos de Alemania.

Estaba sentado en su cómoda oficina del Ministerio, atiborrado de papeles que firmar, leyes que aprobar y otras que derogar, casos aislados que resolver y magos que precisaban de su atención.

—Buenos días, Harry —entró Hermione a la oficina—, ¿día ocupado?

—Así es —respondió él soplando a la taza de café que flotaba cerca de su cabeza—. Hoy es día de Atención al Mago.

—Oh, sí, esos días son un desastre. Por suerte tu departamento no tiene tantas visitas como el mío. Muchos vienen a denunciar problemas de criaturas mágicas, a exigir leyes nuevas, sacrificios… Termino hecha un lío. ¿Has visto a Ron?

—Tú eres su esposa —respondió Harry—, supongo que lo hayas visto esta mañana.

—Ah, sí, lo vi. Pero se fue muy temprano, no sé por qué.

La puerta de la oficina volvió a abrirse.

—Buenos días, ¿cómo están? —era Ron, que traía algo envuelto. Se detuvo junto a Hermione y la besó.

—¿Lo trajiste? —preguntó ella.

—Aquí está —respondió, señalando el paquete que sostenía.

Harry seguía muy concentrado en el periódico y su café. Ginny le había prometido pasar más tarde a llevarle unos bocadillos. El día había amanecido caluroso.

—¿Nada que quieras orientarme, Harry? —dijo Ron.

—No, Ron, nada, gracias. Sigue con la investigación que te dije, y estate atento, hubo una fuga masiva de Numengard.

Harry levantó la vista para ver la reacción de sus amigos y fue justo la que esperaba. Hermione se quedó sin palabras y Ron dejó la vista perdida, como en shock. No pudieron articular palabra alguna por unos segundos y ante el silencio prolongado, Harry decidió tomar la iniciativa:

—Creo que si el Ministerio de Magia Alemán lo ha revelado es porque es muy grave. Hemos tenido prófugos de Azkaban y hemos podido manejarlo sin que nadie se entere. Debe ser realmente grave.

Harry respiró hondo y recogió unos archivos de la mesa.

—Nos vemos luego.

—Hasta pronto, Harry —dijo Ron, aun sin poder hablar fluidamente.

—Nos avisas cuando Ginny llegue —dijo Hermione y se quedó anudando la corbata de Ron.

El Ministerio a esa hora de la mañana era un hervidero: vociferadores para acá, mensajes para allá, magos de aspecto poco cuidado, con ojeras profundas de tanto trabajar y, de pronto, entre todos, una cara sonriente.

—Potter —era Kingsley— ¿cómo estás? ¿Listo para atender las peticiones?

—Buenos días, Ministro. Sí, eso creo. Nunca podré sentirme cómodo dando consultas a los magos. Soy más…de acción.

—Sí, Harry, lo sé, pero es nuestro trabajo.

Antes de que Kingsley se retirara con su escolta Harry alcanzó a decirle algo más:

—¿Ya leyó El Profeta?

—Me temo que sí, Harry. Nos vemos luego.

La mañana se le pasó a Harry más rápido que cuando usó el giratiempo con Hermione. Vinieron magos de todas partes a denunciar actividades «oscuras» que siempre resultaban ser bromas o confusiones. Otros, simplemente, iban a pedirle a Harry recomendaciones para que sus hijos entraran en el cuerpo de Aurores del Ministerio.

—Como usted comprenderá —dijo Harry a una señora vestida con un largo vestido rojo y una sombrero con murciélagos disecados— el Jefe de Aurores del Ministerio no puede dar recomendaciones porque es quien se encarga de aceptar a los muchachos bajo su custodia.

La mayoría de los visitantes quedaron satisfechos, pero otra parte de ellos se fue dando un portazo y alegando que hablarían con su superior. Harry terminó agotado, con la cabeza llena de quejas y problemas. Salió de la sala de vistas orales y se dirigió al elevador, donde se encontró a Luna.

—Hola Harry —dijo ella, sosteniéndose la panza. Le había crecido mucho desde la última vez que la viera.

—¡Luna! ¿Cómo va eso? —dijo Harry alegre, señalando su vientre.

—Muy bien. No sabemos cuando nacerá. Dicen que el cabello de wiliguxis es muy útil para el embarazo. Te pones unos cuantos en el pelo y ya está. Por cierto, Ginny te está esperando, te acompaño.

Luna lucía muy hermosa embarazada. Le daba a su aire de despistada un aspecto maduro y a la vez tierno. El Ministerio se había quedado de pronto en silencio, tranquilo. Era como si todos hubieran desaparecido.

Cuando Harry entró a su oficina escuchó un gran grito de «Sorpresa» y Neville, Hermione, Ron, Luna, Lily, Hugo, Rose, Teddy, James y Albus Severus se lanzaron sobre él. Ginny lo besó y le dijo:

—Feliz cumpleaños, cariño.

Estaba viejo. Harry había olvidado que era 31 de julio.

 

La fiesta fue muy divertida. Hermione conjuró unos pajarillos de colores que alzaron vuelo y se transformaron en confeti brillante, que mientras descendía iba tomando la forma de Harry en distintos momentos de su vida. Ron, por su parte, le entregó el paquete que había estado escondiendo toda la mañana: un plato de oro con dos escobas talladas y un cartel que decía:

«Harry y Ginny-Ron y Hermione»

«Mejores amigos por más de 30 años»

Recordaron viejas glorias con la música de Las Brujas de Macbeth y tomaron mucha cerveza de mantequilla, como si fueran niños todavía. Luna le regaló un collar de nabos de rubí, que había pertenecido a uno de los Lovegood más antiguos —el descubridor de los torposolos— y Neville le dio una planta que cambiaba de color según las estaciones del año.

Cuando estaban recogiendo sus cosas para marcharse, llegó un mensaje de Kingsley:

«Querido Harry:

Feliz cumpleaños. Ginny nos pidió que lo mantuviéramos en secreto. Pasa por mi oficina. Algo grave sucede»

Harry se despidió cortésmente de todos sus compañeros y fue hasta la oficina de Kingsley. El Ministro lo esperaba, como siempre acompañado de su patronus.

—Harry —dijo el Ministro con su voz grave—, lamento molestarte, sé que es tu cumpleaños, pero debes estar informado.

—No se preocupe. Disfruto mucho de mi trabajo.

—Qué bueno. Léete esto.

Kinsley le tendió un papel a Harry, y él lo leyó con atención.

«A: Ministerio de Magia Gran Bretaña e Irlanda del Norte:

Le informamos que pronto estaremos allá. Hace unos meses fueron asesinados por agentes diplomáticos de su Ministerio uno de nuestros representantes en Albania, Dakerov. Nuestra líder, C. G. iniciará las conversaciones con su Jefe del Departamento de Aurores.

Atentamente,

Cuerpo de TotenEssen».

—No entiendo muy bien, Ministro.

—Son los magos que escaparon de Numengard, Harry. Los TotenEssen son los magos oscuros alemanes. Y su líder es una mujer.

—¿Circe? —dijo Harry.

—Habrá que comprobarlo —dijo el Ministro y comenzó a escribir una lechuza a Azkaban.

 

 

 

 

 

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Acerca de Ernesto Guerra

De Cuba y pa'l mundo: Intento de escritor; periodista, geek, adicto a Internet. ¡Viva el software libre!

4 comentarios el “Fanfic: Harry Potter y la deuda de sangre. Capítulo 1

  1. Enmanuel Lestrange
    julio 27, 2013

    Muchas gracias por continuar escribiendo, espero con ansias el próximo capitulo!! 😀
    Pd: Lo único que no me agradó fue el nombre de Ginny en el plato x) jaja, saludos!!

    • Ernie
      julio 28, 2013

      No soy un fan de Ginny tampoco, pero bueno…ella es el amor de Harry, ¿no?

  2. jhonattan carrasquero castellanos
    julio 29, 2013

    no entiendo! esta es la continuación de la ruptura del vinculo?

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